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"Por medio del cuidado de sus pacientes hace su propio proceso de sanación de un agresivo cáncer."

"Mi amor por la enfermería comenzó desde pequeña. Me gustaba siempre hacerles curaciones a mis amiguitos del colegio cuando ellos se caían. Luego realicé mis estudios en la Universidad Javeriana, y hoy trabajo en la unidad de cuidados intensivos neonatal del Instituto Roosevelt, en Bogotá.
Llevo más de 20 años enamorada de esta labor. Es una pasión que ni el cáncer ha mermado. Esa enfermedad, por el contrario, me ha hecho ser una enfermera mucho más cercana con mis pacientes, sensibilizarme con su dolor porque yo, más que nadie, sé de qué se trata. Los bebés y los niños hacen que yo separe las situaciones; ellos no entienden por lo que yo paso, pero me motivan porque son pacientes muy pequeños que necesitan de nuestra atención, ayuda y amor."
El secreto está en ponerle el corazón a todo lo que uno hace y darles un valor agregado a las cosas. Yo no limito mi profesión a la función de ser una enfermera, a mí me gusta ir más allá. Si yo puedo ayudar a una mamá de otra manera, lo hago: organizar un servicio, conseguir onces de un cuidador que no ha desayunado e, incluso, sentarme a hablar con ellos para conocerlos. ¡Esto en definitiva alimenta el alma!"

 

Tomado de ELTIEMPO.COM

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